domingo, 1 de agosto de 2010

María Armesto-Anta: Majestad...

MAJESTAD…, GRACIAS POR LA LIBERTAD,
POR SACRIFICAR SU PROPIA LIBERTAD Y LA DE SU FAMILIA
POR LA MÍA, DESDE SU MÁS TIERNA INFANCIA.

NINGÚN POLÍTICO DE ESTA DEMOCRACIA HA PAGADO PRECIO ALGUNO, NI POR ACCEDER AL PODER NI ESTANDO EN ÉL, SINO MÁS BIEN LO CONTRARIO, SE HAN SERVIDO, MÁS QUE EL PEOR DE LOS REYES DEL PASADO, DE UN PUEBLO INOCENTE, A QUIEN AHORA PONEN LA PUNTILLA PARA NO PERDER EL FRUTO, COMO PARÁSITOS.

NUESTRA MONARQUIA ES HOY, MÁS QUE NUNCA, LA VENTANA ABIERTA AL CIELO DE NUESTRAS MÁS ELEVADAS ESPERANZAS DE PAZ Y DE JUSTICIA...

AIRE FRESCO, CULTO, DIGNO, CONSCIENTE Y RENDIDO A SU DESTINO, REAVIVANDO NUESTROS SUEÑOS MÁS ANSIADOS Y MERECIDOS.

Estas palabras no son necesariamente la declaración de una monárquica, sino más bien la conclusión a la que llegué tras vivir mis 12 primeros años de vida, 1963-1975, durante el franquismo, y desde entonces hasta hoy, en esta extraña democracia, que agoniza… sobre los cimientos de las falsas causas de quienes la crearon, burlándose del pueblo español por demasiado tiempo.

Democracia hecha a la medida de las necesidades de su revanchismo histórico, que no a la medida de las necesidades y derechos del pueblo español, quien, por otro lado, empieza a ser mayoría en abstención… dato a tener muy en cuenta, antes de llenarse la boca políticamente, hablando de mayorías, pues son la mayoría de menos de la mitad de votantes, repartida, por algo será…

Aunque parece que de su resistencia a ver su propio fracaso, nacen otra vez los dardos envenenados del frentismo… tirando a matar, como escudo de excusas siempre el franquismo o la monarquía… cansino, cansino, enfermizo por demás, al límite de lo demencial.

Si puse Juancarlista en mi perfil del facebook, es porque, al margen de lo que los medios de comunicación han querido sugestionarnos , para que viéramos a la monarquía y a los monarcas a través de su turbia, sesgada e interesada mirada, yo observé durante más de 30 años a nuestra Familia Real desde el rigor histórico y la objetividad de una mente y de un corazón que no estuvieron nunca cegados por ideología política alguna.

No es mi estilo arrodillarme ante nadie, no lo veo ni útil, ni obligado, mas precisamente por ello, por ser ante todo un espíritu libre, veo en nuestro Rey al garante de mi libertad y la de mis ansiados nietos… a los que no renunciaré por nada del mundo.

Y veo en mí misma, por honor, la obligación de cerrar filas en torno a S.M. el Rey Don Juan Carlos I de España, con mi gratitud sincera, por su servicio a la libertad y a la defensa de los derechos y dignidades humanas, sacrificio que muchos que se sirvieron de él para entrar en España, enarbolando ciertas banderas, y cantando “libertad sin ira”, olvidan con demasiada frecuencia, ninguneando y humillando cuanto pueden a la Familia Real al completo, en un patético e irresponsable ejercicio de pueril política.

Soplan vientos huracanados, torbellino convulso de fantasmas del pasado, para conquistar o no perder frutos, hurgando en las viejas heridas del enemigo histórico, sin escrúpulo alguno… son tiempos, pues, para enfocar las miradas profundas en la dirección correcta, esa que garantice lo esencial, por encima de ideologías o dogmas... LA PAZ y LA LIBERTAD.

Y que no me pase nada… (por hacer uso de mi libertad de expresión)

Maruxa-1963


2 comentarios:

CAROLVS II, REX HISPANIARVM dijo...

Amiga, unas hermosísimas palabras que tocan también el corazón de un monárquico como yo...la relativa tranquilidad que hemos vivido durante estos 30 años, así como el paso democrático se lo debemos por entero a son Juan Carlos que supo estar y supo actuar con grandeza y desde la razón cuando la historia se lo pidió, cuando todo parecía difícil y a contracorriente...es algo que deberían recordar todos los políticos y sobre todo todos aquellos que le han criticado en alguna ocasión: si no fuese por nuestro Rey, hoy ninguno tendría la libertad para opinar y, por tanto, no siquiera para criticarle...

VIVA EL REY!

Saludos.

Diego dijo...

Así es. Nada seríamos sin Su Majestad.
¡Viva nuestro rey!