jueves, 6 de diciembre de 2018

Palabras de Su Majestad el Rey en el acto solemne conmemorativo del 40º Aniversario de la Constitución Española

P​ermítanme comenzar expresándoles el gran honor que es para mí dirigirme a sus señorías y a todos ustedes en este acto conmemorativo del 40 aniversario de nuestra Constitución. Una Constitución cuya celebración merece el mayor reconocimiento de todas las instituciones del Estado; pues gracias a ella y a su amparo España vive hoy en democracia y en libertad.
Muchas gracias, Señora Presidenta, por su amable invitación y por sus palabras; y a todos, por su presencia en este día emotivo y tan lleno de significado en el que evocamos un período único de nuestra historia. Lo hacemos, además, en presencia de algunos de sus principales y más destacados protagonistas a los que saludo con todo afecto y reconocimiento.
Señorías, Señoras y Señores,
En estas primeras palabras, y con motivo de este aniversario, quiero manifestar, una vez más, mi respeto y compromiso con nuestra Constitución. Un compromiso que asumí formalmente al cumplir la mayoría de edad y que renové el 19 de junio de 2014 ante las Cortes Generales. Recuerdo bien las palabras que me dirigió aquel 30 de enero de 1986 el entonces Presidente del Congreso, Don Gregorio Peces-Barba.
Dijo así: “Con el Juramento que vais a prestar estáis simbolizando vuestro sometimiento al Derecho, vuestra aceptación del sistema parlamentario representativo que nuestra Constitución establece, vuestro compromiso de servicio a las instituciones y a los ciudadanos y vuestra lealtad al Rey”.
Un compromiso institucional, pero también, sin duda, personal y moral. Un compromiso que no solo constituye una exigencia de mi responsabilidad, ahora como Jefe del Estado, sino que también es expresión de mi respeto y deber de lealtad al pueblo español que, al ratificar nuestra Constitución en libertad y en el ejercicio de su soberanía, otorgó legalidad y plena legitimidad democrática a todos los Poderes e Instituciones del Estado.
Señorías, Señoras y Señores,
Este aniversario es una gran oportunidad para recordar y reconocer la dimensión histórica de la decisión tomada por los españoles el 6 de diciembre de 1978; y lo es, también, sin duda, para valorar en nuestros días su alcance y proyección como se merece.
Por ello, celebramos este día con solemnidad y, también, como un profundo homenaje de gratitud. Son tantas las personas –presentes y ausentes– a las que se lo debemos, que sería imposible mencionarlas a todas. Por eso, quiero simbolizar ese agradecimiento en quienes, con todo merecimiento, hemos llamado Padres de la Constitución. Y quiero hacerlo a través de la autoridad de su propio testimonio, pues ellos nos ofrecen la interpretación más fiel de la obra que hoy conmemoramos.
Permítanme, entonces, que comience con las palabras de Don Gabriel Cisneros, que describía así a sus compañeros de la ponencia constitucional:
“La vehemente erudición de Fraga; el conservadurismo ilustrado y mordaz de Miguel Herrero; la templada displicencia gaditana y liberal de Pérez-Llorca; el maritainismo −a veces un punto cándido, a veces un punto airado− de Peces-Barba; la catalanidad sutil, negociadora e implacable de Roca; la increíble tenacidad marxista de Solé Tura; mi populismo —decía Cisneros de si mismo— antioligárquico, reformista, puritano y tradicional a un tiempo. Todo eso hizo la Constitución española de 1978. Todo eso —concluía— más la pasión española de los siete”.
Con todos ellos —y tantos hombres y mujeres que junto a ellos, debatieron y acordaron, desde ideologías tan opuestas y tradiciones tan diferentes— España tiene contraída su más alta deuda. Sus nombres forman parte de nuestra mejor historia, porque con su visión política y su generosidad han hecho posible la libertad y el progreso de millones y millones de españoles.
Señorías, Señoras y Señores,
La Constitución es el gran pacto nacional de convivencia entre los españoles por la concordia y la reconciliación, por la democracia y por la libertad. En palabras de Don Miguel Herrero: “Una Constitución consensuada (...) un pacto, pero entendido no como mera transacción, sino como unión de voluntades”.
No es una Constitución más de nuestra historia, desde aquel destello ilustrado y fugaz que supuso la de Cádiz en 1812: es la primera realmente fruto del acuerdo y el entendimiento y no de la imposición; es la primera que materializa la voluntad de integrar sin excluir; es la primera que no divide a los españoles sino que los une, que los convoca para un proyecto común y compartido; para el proyecto de una España diferente, de una España nueva: de una nueva idea de España.
“La Constitución fue un pacto de coraje y no de debilidad: porque el pacto es el privilegio del coraje”; no son palabras mías. Son de Don Miquel Roca, que, al referirse a las personas perseguidas por la dictadura, decía: “No pueden ser acusados, desde la dignidad y la objetividad, como susceptibles de haberse visto condicionados por unos poderes fácticos a los que habían derrotado con su retorno a la libertad.”
Y añadía: “Nadie podía sentirse condicionado cuando se construía un sistema democrático en medio de un conflicto terrorista que causaba muertos y víctimas de manera constante. Y nadie debería ignorar que los pactos de la Moncloa, (...) fueron firmados y avalados desde todo el abanico social y político. Y que los nostálgicos se sintieron tan derrotados como para intentar un golpe de estado el 23 de febrero de 1981, que fracasó y consolidó la democracia en España.”
Tampoco el pueblo español tuvo dudas ni debilidad: tenía inquietud y preocupación, sí, pero también una gran esperanza; vivía con una enorme ilusión, tenía incluso fe en que esta vez sí se iba a conseguir; y así lo demostró de manera clara y rotunda con su decisión libre, cívica y madura en el referéndum del 6 de diciembre de 1978.
Señorías, Señoras y Señores,
Al referirse a la transición política decía Don Manuel Fraga: “Son años de decisión. Tenemos que ocupar nuestro sitio exacto en el mundo actual. Si dejamos, por indecisión o por incapacidad, pasar el tren de la historia, no tendrán solución nuestros problemas económicos, sociales y políticos”.
Y España no dejó pasar, en esta ocasión, el tren de la Historia; así lo reconoció la Comunidad Internacional. Nuestra Constitución es la culminación de un proceso que supone el mayor éxito político de la España contemporánea. Un proceso del que todos podemos sentirnos auténticamente orgullosos porque en el espíritu, en los valores y en los ideales que inspiró este periodo de nuestra historia se encuentra la mejor España.
Y ese espíritu, esos valores y esos ideales, no podemos ni olvidarlos ni desvirtuarlos, sino reivindicarlos hoy con toda legitimidad, porque son la base del consenso político y social que resuelve las diferencias históricas entre los españoles y supera una España secularmente enfrentada y dividida.
Como ha señalado Don Miguel Herrero: “Los ponentes que redactamos el proyecto definitivo tuvimos la buena dicha de ser y sentirnos órganos, más o menos conscientes pero ciertos, del espíritu de nuestro pueblo. No tuvimos que buscarlo; lo respiramos en la plaza pública.”
Y a ese espíritu, a ese espíritu del pueblo, que es el de la Constitución, es al que ahora me voy a referir:
En primer lugar, a la reconciliación. Nunca podremos ni debemos olvidar a esos españoles de diferentes lugares, ideas y sentimientos, del interior y del exilio que, movidos por unos mismos ideales, empujados por la fuerza y la ilusión del pueblo, con complicidad y una inmensa generosidad, se reconocían y se aceptaban en un reencuentro lleno de emoción, perdón, y renuncia.
Pero ese abrazo estaba también lleno de futuro y de esperanza. Porque esos españoles quisieron legar a las futuras generaciones, por encima de todo, una España reconciliada consigo misma en la que nunca tuvieran que volver a vivir el sufrimiento, el miedo o el rencor que ellos habían padecido. Para que el desprecio no volviese a dividir a los españoles, ni el odio venciera a la razón.
Esos españoles nos dieron el mejor ejemplo de humanidad y de fraternidad; nos dieron una lección de dignidad; por eso, una vez más, quiero reiterarles nuestro mayor agradecimiento, toda nuestra admiración y nuestro más profundo respeto.
En segundo lugar, el entendimiento. Una voluntad de todos los españoles de querer entenderse; de respetar las ideas de los demás, de comprender y aceptar las diferencias poniendo fin a la persecución política y a la intolerancia; una voluntad de resolver los conflictos y las discrepancias a través del diálogo, respetando las leyes y los derechos de los demás, sin imposiciones ni exclusiones.
Don Jordi Solé Tura lo explicaba así: “Entre los siete ponentes había muchas diferencias políticas (...) Representábamos opciones diferentes, y en el pasado habíamos tenido enfrentamientos radicales. Y por encima de nuestras diferencias supimos encontrar un punto de coincidencia fundamental: que no se trataba de elaborar una Constitución (…) que dividiese a los ciudadanos españoles en dos bloques equivalentes y enfrentados radicalmente, sino que había que establecer unas reglas de juego practicables para todos los que éramos partidarios de la democracia. Había que establecer, desde luego, una línea divisoria −decía Solé Tura−: la que separaba a los partidarios de la democracia –fuesen cuales fuesen sus opciones y sus intereses sociales– de los enemigos de ella.”
Finalmente, el espíritu integrador de la sociedad española. Una vocación integradora que no supone uniformidad, ni significa olvidar o suprimir la diversidad territorial, ni negar la pluralidad, sino asumir y reconocer a todas ellas en una realidad nacional común en la que caben diferentes modos de pensar, de comprender y de sentir. Una España, en fin, que es de todos, construida por todos, y sentida y compartida por todos.
En ese sentido, decía Don Miguel Herrero: “Nuestra Constitución reconoció lo diverso y plural, precisamente para integrarlo”.
La Constitución es el gran pacto nacional de convivencia entre los españoles por la concordia y la reconciliación, por la democracia y por la libertad... es la primera que materializa la voluntad de integrar sin excluir; es la primera que no divide a los españoles sino que los une, que los convoca para un proyecto común y compartido; para el proyecto de una España diferente, de una España nueva: de una nueva idea de España. 
Y por su parte, Don José Pedro Pérez-Llorca lo entendió de esta manera: “La conciencia de que anteriores arranques históricos habían fallado y que su fracaso había traído calamidades sin fin al país era (…) algo que pesó mucho, tanto en el equilibrio final de la Constitución como, sobre todo, en la actitud o talante con que se negoció palabra por palabra. Actitud o talante –decía- en los que estuvo ausente la voluntad de imponerse, aun siendo cada cual consciente de sus razones y argumentos, y estuvo presente, más bien, la necesidad de llegar a acuerdos, convirtiendo la razón de cada cual en las razones del conjunto.”
Y añadió: “Se trató de ser inclusivos, y de huir de anatemas y condenas (...) Así la Constitución, si no de todos, porque ello es imposible, nació con vocación de poder ser asumida por todos”.
Señorías, Señoras y Señores,
Bajo ese espíritu de reconciliación, de entendimiento y de integración, la Constitución recogió en su texto las bases fundacionales de una España que se constituyó como un Estado Social y Democrático de Derecho.
De esa manera la Constitución afirmó:
- La Soberanía nacional, que fue recuperada por y para el pueblo español, devolviendo a los españoles su condición de ciudadanos y suprimiendo su consideración de súbditos.
- La unidad de España, reconociendo la autonomía de sus nacionalidades y regiones para su autogobierno.
- La Monarquía parlamentaria, en la que el Rey es símbolo de la unidad y de la permanencia del Estado. Una Monarquía Parlamentaria, en el seno de una democracia, que impulsó mi padre el Rey Juan Carlos I, de forma tan decisiva y determinante, durante aquel periodo trascendental de nuestra historia; y siempre junto a él, el apoyo permanente y comprometido de mi madre la Reina Sofía.
- La separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, independientes en el ejercicio de sus funciones, y el Tribunal Constitucional como supremo intérprete de nuestra Constitución.
- Finalmente, y como fundamento del orden político y la paz social, el reconocimiento de los derechos y libertades basados en la dignidad de la persona, en el respeto a la ley y a los derechos de los demás.
De esas bases fundacionales nacía una nueva España, un nuevo Estado, diferente de los anteriores y que rompía con el pasado. España se constituía en una democracia a semejanza de otras naciones occidentales y compartía con Repúblicas y Monarquías parlamentarias de su entorno los valores constitucionales que proclamaba: la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo.
Decía, en ese sentido, Don Gregorio Peces-Barba: “Creo que se puede decir que la democracia parlamentaria es el único cauce para el acuerdo básico entre todos los españoles y para la exclusión de la violencia. Es el modelo del progreso, de la racionalidad y de la integración de los conflictos sobre la base de la transacción. No hay alternativa al Parlamento para evitar la trágica dialéctica del odio y del amigo enemigo. Es el modelo de la libertad y de los derechos fundamentales, es el modelo de la tolerancia”.
España iniciaba así, sobre esas bases, un camino para acometer las profundas transformaciones que requería nuestra vida en común.
Transcurridos ahora ya 40 años podemos decir que, en efecto, bajo la vigencia de nuestra Constitución, España ha vivido, sin duda, el cambio político, territorial, internacional, económico y social más profundo y más radical de su historia.
En el ámbito político, hoy –sobre todo y felizmente– podemos afirmar que la democracia está firme y plenamente consolidada. Las jóvenes generaciones nacen, se educan y se desarrollan en una sociedad democrática y los valores constitucionales impregnan la vida diaria y personal de nuestros ciudadanos y también nuestra vida colectiva.
Resolver los desencuentros mediante el diálogo, respetar las leyes y los derechos de los demás, ejercer esos derechos y acudir a los tribunales para defenderlos y cumplir sus decisiones, son principios definitivamente arraigados en los comportamientos de los ciudadanos. El sentimiento constitucional, consciente o a veces inconscientemente, está hondamente asentado en nuestras actitudes porque la Constitución es el alma viva de nuestra democracia. Una democracia que no tiene vuelta atrás en el sentir y las conciencias de los españoles.
Profunda ha sido igualmente la transformación vivida en nuestra estructura territorial. Nunca antes en nuestra historia se había diseñado y construido una arquitectura territorial con tan profunda descentralización del poder político, y el reconocimiento y protección de nuestras lenguas, tradiciones, culturas e instituciones.
En el ámbito internacional, España alcanzó su gran sueño de volver a la Europa democrática; desplegó todo el potencial político, económico y cultural que nos une con nuestras naciones hermanas de Iberoamérica. Recuperó, en fin, su presencia y su protagonismo en las instituciones internacionales y en los compromisos multilaterales con la paz, la seguridad y el desarrollo; facilitando también la apertura y presencia económica y empresarial en el mercado mundial, en puertas de –o cercana ya– la gran ola de la globalización.
Finalmente, creo necesario subrayar, también, el enorme nivel de progreso en todos los órdenes que España ha alcanzado en estos 40 años de democracia, regidos por nuestra Constitución. Los avances en derechos civiles y en protección e igualdad de la mujer son conquistas indiscutibles en una sociedad avanzada y madura como la nuestra. Y ningún ámbito social, económico o cultural ha quedado excluido de una renovación y mejora profunda en sus estructuras, en su organización y en su desarrollo.
Año a año y gracias –sobre todo– al trabajo sacrificado y esforzado de sucesivas generaciones de españoles, se ha ido construyendo un Estado del bienestar que debemos preservar y mejorar y que es esencial en nuestra convivencia. La educación pública ha llegado a todos los ciudadanos y la sanidad pública, gratuita y universal, es altamente reconocida y valorada dentro y fuera de nuestro país.
Los avances en turismo, transportes, infraestructuras, energía, telecomunicaciones, medio ambiente…, también en seguridad, por poner algunos ejemplos, son evidentes y realmente extraordinarios; y España, en ese gran salto hacia delante, ha conseguido incluso posiciones de liderazgo –impensables hace 40 años– en muchos de esos ámbitos de nuestra realidad.
España, en fin, aun con las necesidades y dificultades que bien conocemos y pese al impacto de las crisis económicas –especialmente la más reciente–, ha alcanzado niveles de prosperidad y bienestar como nunca antes en nuestra historia. En definitiva, España, se ha modernizado.
El paso del tiempo ha permitido, así pues, comprobar el acierto histórico de nuestras Cortes Constituyentes. El camino recorrido por nuestra Constitución ha sido un gran éxito colectivo pero no ha sido fácil. Muchos españoles han perdido su vida, o la de algún familiar, víctimas del fanatismo y la sinrazón terrorista; ellos estarán siempre, con la mayor dignidad, en nuestra memoria. España ha tenido que hacer frente a lo largo de estos últimos 40 años a hechos muy graves, y muy serios, que han afectado a nuestra libertad y también a nuestra convivencia. Y sin embargo, pese a todo ello, la Constitución y nuestro Estado Social y Democrático de Derecho han prevalecido.
Señorías, Señoras y Señores,
Una nueva generación de españoles hemos empezado a ocupar responsabilidades en la sociedad y en las instituciones. Y tenemos, sin duda, la enorme tarea de seguir hacia adelante, de no conformarnos, de hacer todo lo posible para honrar y mejorar el ingente legado que hemos recibido de las generaciones que nos han precedido.
La celebración del 40 aniversario de nuestra Constitución nos sirve para poner de manifiesto que la España de hoy es muy diferente a la de aquel 6 de diciembre de 1978. Como igualmente las circunstancias mundiales que vivimos son muy distintas y aún más exigentes que las del último tercio del siglo pasado.
Y, naturalmente, este aniversario no puede hacernos olvidar que a lo largo de todos estos años se han producido en nuestro país equivocaciones, errores e insuficiencias. Como tampoco debemos silenciar que, por supuesto, tenemos problemas políticos, económicos y sociales muy relevantes; que tenemos también el gran reto, que nos interpela a diario, de preparar a España ante las nuevas exigencias de los avances científicos y la revolución tecnológica que ya definen de manera tan evidente, en nuestros días, al siglo XXI; y especialmente de procurar que el bienestar y la prosperidad que la Constitución ayudó a asentar, llegue de forma efectiva a todos nuestros ciudadanos, para que puedan contemplar su futuro con el ánimo y la tranquilidad de espíritu a los que tienen derecho.
Por eso, tenemos el deber de pensar en el futuro; de seguir construyendo, desde nuestras respectivas responsabilidades, una España en vanguardia, moderna y renovada; una España abierta a los cambios que nuestra sociedad y, especialmente, las jóvenes generaciones merecen.
Y también sabemos que para avanzar, para progresar con seguridad y confianza –para evolucionar–, hemos de sumar ese inmenso patrimonio de libertades, derechos y bienestar que hemos conseguido a la voluntad de ir adaptando y amoldando nuestra manera de hacer y de vivir a la realidad de cada momento; con espíritu crítico pero siempre constructivo. Solo así, podremos abrirnos al futuro con garantías y solidez, con ilusión y con esperanza.
Celebraciones como las de hoy nos permiten no solo recordar y reconocer los ideales y los valores que unieron a los españoles en un período inolvidable de nuestra historia, sino también reivindicar su plena vigencia en nuestros días como pilares esenciales y fuente de inspiración de nuestra convivencia: El espíritu de reconciliación, porque la Constitución es un mandato permanente de concordia entre los españoles; la voluntad de entendimiento, a través de la palabra, la razón y el derecho; la vocación de integración, respetando nuestras diferencias y nuestra diversidad; y el ánimo, solidario y generoso, que edifica y cohesiona la fibra moral de nuestra sociedad.
Señorías, Señoras y Señores,
A esa tarea de construir España, a la que todos estamos convocados, dedico mi vida y todos mis esfuerzos; desde aquel lejano 30 de enero de 1986, que conservo con gran emoción en mi memoria; y de manera aún más especial desde mi proclamación como Rey el 19 de junio de 2014, al iniciar una nueva y renovada época para la Corona de España. Una vida al servicio de todos los españoles, desde la independencia y la neutralidad, y comprometido con la Constitución que nos trajo la democracia y la libertad.
Porque la Corona está ya indisolublemente unida −en la vida de España− a la democracia y a la libertad.
Muchas gracias, moltes gràcies, eskerrik asko, moitas grazas.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Serbia rehabilita a S.M. el Rey Don Pedro II


BELGRADE – Petar II Karadjordjevic, the last Yugoslav king, has been rehabilitated after the Belgrade High Court determined that he was a victim of prosecution and violence for political and ideological reasons.
Peter-2-Karadjordjevic
King Peter II with two of his ministers, the Prime Minister of Yugoslavia, General Simovic (left) and Court Minister M Knezevic arriving in England.


The decision on rehabilitation was brought on July 10 and came into force on August 22, court spokesperson Tanja Koljensic told Tanjug.

The Belgrade High Court has earlier rehabilitated the king’s mother Marija and son Aleksandar Karadjordjevic and also Prince Pavle’s children – Princess Jelisaveta and late Prince Nikola Karadjordjevic.

Petar II Karadjordjevic was rehabilitated by operation of law, therefore rendering the decree, which deprived the king of his citizenship and confiscated his entire property, null and void since its adoption on March 8, 1947, reads the statement by the Belgrade High Court.

The same decision declared invalid all the legal consequences of the decree, including confiscation of property.

Petar II Karadjordjevic was born in Belgrade on September 6, 1923, and passed away in Denver, USA, on November 3, 1970.

When he was 11 years old, Peter succeeded to the Yugoslav throne in 1934 and was deposed in 1945 when he was only 21.




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Entrevista con S.A.R. Don Alejandro, Príncipe Heredero de Serbia (en inglés)


Serbia would benefit from friendship and connection not only with royal heads of state, but with republic heads of state. You will note that european union countries and others benefit from a friendly interchange and invitations. We seem to have many firemen that come to visit us and can’t wait to get to the airport. If we all work more on friendship and invitations this can dramatically change for benefit of our people and government, and i am ready to help
Alexander Karađorđević was born on 17th July 1945 at Claridge's Hotel in London as the first (and only) child of Yugoslav King Petar II and Princess Alexandra of Greece and Denmark. Then British Prime Minister Winston Churchill declared suite number 212 the territory of the Kingdom of Yugoslavia, so that immediately upon his birth Alexander received the title of heir to the throne, given that King Petar II was still the king of Yugoslavia.

His father, himself a young king, left Yugoslavia in April 1941 and, finally, together with the Yugoslav government in exile, moved to London. King Petar II married Princess Alexandra of Greece and Denmark, the daughter of Greek King Alexander and Aspasia Manos, in London in 1944.

Prince Alexander’s roots are royal on both his father and mother's sides. He was named after his grandfather, Yugoslav King Alexander I Karađorđević, while the same name also belonged to his maternal grandfather, Greek King Alexander. His paternal grandmother was Queen Mary, the Romanian princess and daughter of Romanian King Ferdinand and Queen Mary, who had been a British princess (the granddaughter of Queen Victoria).

Alexander was christened at Westminster Abbey by Patriarch Gavrilo, while the godfather was British King George VI and the godmother was his daughter, the then Princess Elizabeth, now HM Queen Elizabeth II.

Alexander II was educated at Le Rosey in Switzerland, the Culver Military Academy in Indiana, USA, Gordonstoun School in Scotland and Millfield (England). He then enrolled at the Royal Military Academy of Great Britain. From 1966, as an officer of the British Army, where he advanced to the rank of captain, he served in the 16th/5th Regiment of Royal Lancers in the Middle East, Italy and West Germany. After ending his military service in 1972, Alexander II dedicated himself to a career in business.

Following the death of his father in 1970, Alexander decided to not formally use the title of king, but he never gave up his title of dynastic heir to the throne.

Since 2001, Prince Alexander and his wife, Princess Katherine, have lived together with their sons, Peter, Philip and Alexander, at Belgrade’s White Palace.

On the occasion of his 70th birthday, in July this year, His Royal Highness Crown Prince Alexander celebrated over three days in the presence of members of his family, friends and top representatives of European royal families.

In this issue of CorD, we speak exclusively with Crown Prince Alexander.
Every man in his youth has his own life plans, even princes. You recently celebrated your 70th birthday. Which of your youthful expectations remain and how did you feel when you received birthday greetings from your close friends and distinguished guests?
- Seventy is just a number. It was very nice to receive birthday wishes from all over the world. Everyone was so nice.

CHURCHFATHERROYALS
I am very proud of my relationship with the serbian orthodox church, which openly supported the idea of a constitutional monarchy back in 2003My father later disbanded his regency and it is important to note that he never abdicated. This statement was never backed with any paperMy wife and I are friends with all the royal families. We meet at events across europe for birthdays, anniversaries and, sadly, funerals

You celebrated your birthday surrounded by the most eminent representatives of the royal families of Europe. What does that say about the reputation of the Serbian royal family?
- It was very wonderful that my relatives came to my birthday, I was very touched. My wife and I are very lucky and happy to have good relations with so many people across the world. We always try to keep in touch with our friends abroad and attend many events.

Your life story is turbulent and more than interesting. From exile to a royal welcome in the heart of Belgrade, from non-recognition, to challenging fundamental rights... What has left the greatest impression on you?
- My greatest impression is how good our people are, how patient and respectful they are. Wherever we go, we are always so well received across our country.
CorD 120 October small Page 09 Image 0001PRINCE PETER (left), PRINCE ALEXANDER III KARAĐORĐEVIĆ, PRINCESS KATHERINE, HRH PRINCE ALEXANDER II and PRINC PHILIP

Unfortunately, there are politicians who do not know about the constitutional monarchies in the European Union and beyond. When Serbia will eventually become a member of the European Union, these politicians will have to work with the constitutional monarchies in the European Union

Do you plan to convert your life story into an autobiographical memoir?
- I have thought about it and will eventually get down to it.

How would you describe the relationship of the Serbian state towards you?
- Polite, but very much more could be done in the interest of Serbia and the people. Everyone can benefit from a good and healthy relationship. More has to be done to improve our communications and friendship. This will improve the image of Serbia and be positive for public relations, which are so important for Serbia. Unfortunately, there are politicians who do not know about the constitutional monarchies in the European Union and beyond. When Serbia will eventually become a member of the European Union, these politicians will have to work with the constitutional monarchies in the European Union. One should note that the constitutional monarchies are highly developed and successful social entities. In addition, it is very important to maintain and cultivate friendships with the Middle East monarchies and those beyond.

How would you characterise your relationship with the Serbian Orthodox Church over the past decade?
- I am very proud of my relationship with the Serbian Orthodox Church, which openly supported the idea of forming a constitutional monarchy back in 2003, as well as my relationship with our Muslims, Roman Catholics, Protestants and Jewish people and nonbelievers. It is very important that we respect each other’s religions, customs and views.

Your father, Petar II Karađorđević, the pre-war king of Yugoslavia, transferred his imperial authority to the regency council in 1945, but not his property. What is the status of your family legacy in the former Kingdom of Yugoslavia today?
- My father later disbanded his regency, and it is important to say that he never abdicated. This statement was never backed with any paper, and I am sure that, if there was one, Tito would have used it big time. On the other hand, there are numerous proofs that my father never abdicated. The status of the family property in Slovenia, Montenegro and Macedonia differs as a result of different local legislation, but there is one thing in common – an absence of respect for the basic human rights of my family.

One of the themes that often appear in the local public is the legacy of the Karađorđević family in Serbia. What is your position on this issue?
- My position is clear, as all my claims are based on the Belgrade Court Decision of 1938, according to which everything that belonged to the late King Alexander I was inherited by his three sons, one of whom was my father, King Petar II. This applies to both the real estate property and movables, including art collections and personal belongings like those that ended up in Tito’s private vault at the Central Bank. How come the Order of the Star of Karađorđe with diamonds, which was designated for the future Queen, ended up in someone else's private vault? There is a simple word for that, and yet bureaucratic obstacles for the restitution of the obvious are enormous. My opinion, after so many years, is that this issue is more political than legal, and I still do not why that is the case.

What are relations towards you like today in the former member countries of the Kingdom of Yugoslavia, as the successor to the last Yugoslav monarch?
- I maintain good relations with the former Yugoslavia. My wife and I have been guests of the presidents of Croatia and Slovenia.

How do you view current relations between the countries that were once part of the Kingdom of Yugoslavia? What, in your opinion, is the main stumbling block to restoring correct bilateral relations in this region?
- As I mentioned previously, my relations are good and very friendly. There has been great effort exerted on all sides to improve relations and contacts. Everyone must be commended for their efforts, since it is in the interest of everyone that we all get on with one another. We have to work together for the sake of investment and jobs; we need each other.

CorD 120 October small Page 09 Image 0001

The status of the family property in Slovenia, Montenegro and Macedonia differs as a result of different local legislation, but there is one thing in common – an absence of respect for the basic human rights of my family

How do you now see arguments between the Chetniks and the Ustasha some 70 years after the war?
- The key problem is that even today many people put an equals sign between the military formation of the Axis countries, which slaughtered hundreds of thousands of Serbs, Jews and Roma folk, and the movement which was part of the allied effort. This was a necessary historical fraud for the sake of the Tito's “brotherhood and unity” concept, but there are too many historical proofs that provide support to my previous statement.

When we talk about other royal families, whether they are your family or friends, who are among the closest to you today?
- My wife and I are friends with all the royal families. We meet at events across Europe for birthdays, anniversaries and, sadly, funerals. We also have good relations with republics.

European royal families have no executive authority, but they have a great impact. What benefit could Serbia have from the good relations that you nurture with other royal families?
- Serbia would benefit from friendship and connection not only with royal heads of state, but with republic heads of state. You will note that the countries of the European Union and beyond benefit from friendly interchanges and invitations. We seem to have many firemen that come to visit us and can’t wait to get to the airport. If we all work more on friendship and invitations, this could change dramatically – for the benefit of our people and our government – and I am ready to help.

When you compare your social status in Serbia and abroad, which of the two are you satisfied with? Do you consider that Serbia is indebted to you?
- Serbia has been through a lot. There is a lot yet to be done. We can help each other.

Both you and Princess Katherine are known for your humanitarian work. What drives and motivates you in that field?
It makes us happy to help our people. We have seen a lot and feel a great deal for our people. We are glad to help everyone, regardless of their religion or ethnic origin.

To return to the beginning of our discussion: what are your life priorities today?
My wife and I continue to help our people. Make friends. Keep healthy. Seek urgent help to preserve the Royal Compound and its two palaces, which are beautiful national monuments that are currently under great threat.
Last Updated ( Monday, 31 August 2015 14:38 )

Fuente: Cord Magazine (Serbia)

jueves, 19 de junio de 2014

martes, 17 de junio de 2014

Los monárquicos en el punto de mira mediático: Seriedad y sosiego

Desde el anuncio de la abdicación de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I y en vísperas de la proclamación del nuevo Rey Don Felipe VI, los medios de comunicación salen a la busca de monárquicos para entrevistas de todo tipo, a veces con la presumible intención de ponerlos en ridículo.

Lo más curioso es que muchos periodistas españoles parecen tener una visión distorsionada y anticuada de la Monarquía a pesar de vivir en una Monarquía moderna que no hace ostentación de boato y grandes solemnidades, y aún así creen que los monárquicos somos una especie rara de comportamientos extravagantes, cursis y horteras, mientras que presentan al lado contrario de los republicanos como ciudadanos muy diferentes.

Los monárquicos no debemos caer en el error de dejarnos utilizar por algunos medios sensacionalistas o por reporteros con segundas intenciones, sólo porque nos hacen creer que la entrevista o el reportaje puede darnos publicidad, porque al final lo que emiten o publican puede reducirse a una o dos frases poco significativas y que nada aportan como argumentos a favor de la Monarquía.

Por ello también es importante que los que decidan manifestarse por las calles o ir a aclamar al nuevo Rey lo hagan de la forma más seria y sosegada posible, para no ofrecer a los detractores de la Monarquía ninguna imagen distorsionada de lo que es un monárquico del siglo XXI. 





miércoles, 4 de junio de 2014

¿Referéndum para qué, para quién?


Tras el anuncio de abdicación de Su Majestad el Rey, los republicanos de la extrema izquierda española no han perdido ni un minuto para calentar sus maquinarias y movilizar sus redes para armar mucho ruido en la calle, ya que en las urnas la extrema izquierda se queda en lo que es: una minoría insignificante. Los que arman mucho ruido, pocos argumentos tienen.

El gran argumento de los republicanos tipo segunda república es que para ellos la Monarquía no es democrática porque el Rey no lo elige el pueblo, y por eso quieren una república, una de las guillotinas, una que no respeta ni las opiniones ajenas y corta la cabeza a todos los que se oponen a ella.

Lo que nunca dicen claramente es que el tipo de república soñada es la de Fidel Castro o de Hugo Chávez, una república comunista opresora que lleva a la ruina a la economía nacional, al desabastecimiento con mercancías con las tiendas vacías y con cartillas de racionamiento, para acabar todos -menos los funcionarios del único partido gobernante- en la miseria más absoluta.

Nadie de los que gritan a favor de la república parece caer en la cuenta de que en España las cosas no cambiarían a mejor, sino todo lo contrario. Nadie repara en que existen muchas repúblicas en Europa, donde los problemas son más o menos los mismos, causados por la gestión deficiente de sus políticos gobernantes. 

Nadie repara en el hecho de que durante los últimos 67 años en ningún estado europeo se ha celebrado ningún referéndum sobre la forma de estado -salvo en España, donde la Monarquía Parlamentaria fue ratificada por el 80% del pueblo al votar favorablemente a la Constitución de 1978-, y los únicos que hubo se celebraron en Italia en 1947, que fue manipulado y falseado por los estadounidenses, tan poco dados a apoyar las opciones monárquicas y sin dejar tiempo al entonces Rey Umberto II para demostrar que podía reinar mejor que su padre, que no tuvo otra alternativa que coexistir con la dictadura de Mussolini, y otro en Grecia, durante cuya dictadura militar el Rey Constantino no tuvo más alternativa que el Rey Vittorio Emanuele de Italia.

Nadie parece reparar en el hecho de que los países de Europa Oriental -Bulgaria, Rumanía, Serbia, Montenegro- perdieron sus Monarquías, tan queridas por sus pueblos, por la imposición de un régimen totalitario comunista, y que después de la caída del telón de acero no se ha restablecido el orden democrático y constitucional previo a la toma del poder por los comunistas prosoviéticos ni se ha pensado en la conveniencia que el pueblo decidiera sobre si quería seguir con el sistema republicano instaurado por los comunistas.

Nadie parece reparar en el hecho de que Alemania, el país más destacado y económicamente importante de Europa, instauró la república sin consultar al pueblo, ni en 1918 ni en 1945, en ambos casos dominada por las potencias vencedoras de las guerras mundiales. 

Argumentan los republicanos que las generaciones actuales son diferentes a las de 1978 y que también deben tener derecho a decidir. Curioso argumento. En Alemania llevan 65 años con una Ley Fundamental, que no es ninguna constitución aprobada por referéndum, que no permite celebrar ningún referéndum nacional, y en cuya redacción ni siquiera han podido intervenir diputados elegidos para constituir una asamblea constituyente. Y a pesar de esta y otras irregularidades, nadie parece plantear que sería necesario un cambio para que las generaciones actuales decidan sobre el estado que quieran tener.

Tampoco se ha oído a ninguno de estos republicanos de pacotilla que exigen lo mismo en repúblicas totalitarias tan afines a sus pensamientos políticos como son Corea del Norte, Cuba o China.

En ninguna Monarquía la población ha planteado la necesidad de celebrar un referéndum sobre la continuidad o no de la Monarquía cuando ha cambiado el Monarca. Claro que siempre existen minorías radicales que lo hacen, pero siempre son irrelevantes.

Y nadie repara en el hecho de que no se discute sobre el modelo de república, como si la forma republicana fuese de por sí paradisíaca y perfecta, cuando en realidad existen muchas formas de repúblicas.

¿No es democrática la Monarquía? Entonces ¿qué hay de la Unión Europea, donde los máximos representantes se autonombran y eternizan en sus cargos sin intervención del Parlamento Europeo? ¿Cómo se mide el grado de democracia de la que disfruta un país? Si partimos de los jefes de estado de las repúblicas europeas, ninguno ha llegado a serlo por decisión popular, sino por decisión de los partidos mayoritarios, y aunque se elija directamente, no hay otra alternativa que votar a uno de los dos o tres candidatos impuestos por los partidos mayoritarios. La democracia, empero, se mide por cómo se elige a los concejales, alcaldes, diputados y jefes de gobierno, que son los que deciden la política diaria, no cómo se establece el acceso a la jefatura del estado.

Lo que olvidan casi todos es que la Monarquía Parlamentaria es la forma de estado más democrática imaginable, ya que el jefe del estado es ajeno a toda lucha partidista e ideología política, está por encima de la política diaria, y por ello es el mejor representante del pueblo entero, no sólo de una parte, así como de la historia entera de su país, ya que su dinastía es la que ha acompañado decisivamente toda la trayectoria nacional.

Acabar con esta magnífica forma de estado sería acabar con la verdadera democracia, con la estabilidad, con la unidad nacional, con la cohesión. Por lo tanto, ¿para qué sirve el referéndum o a quién le sirve? No al pueblo, desde luego.